Archive for the ‘Narrativa’ Category

En la fosa

octubre 14, 2012

En la fosa
Paco Espinoza

Era de noche, y Miguel no lo sabía necesariamente por la falta de luz, comprendía que los tiempos en los que vivía eran de total oscuridad, solo el resplandor de cristo iluminaba su camino y el de sus hermanos de combate. Sin duda era de noche, sentía frío… y eso era un alivio, aun podía sentir.

Poco a poco fue percibiendo más… primero, un olor a esa mierda propia de los ejecutados segundos antes de la muerte, reconoció después el sabor a sangre en su boca, estruendos de desolación llegaron a sus oídos, el peso de algo, de alguien, le impedía moverse, pero todo era oscuridad, debía ser de noche.

Comenzó a reptar, se retorcía buscando un espacio entre los cadáveres que le cubrían, era mucho el peso y apenas le permitían respirar. Logro zafar un hombro, luego el brazo y después parte de su pecho. Inhalo muerte y polvo rancio. Extendió su mano a lo alto, lo más que pudo y la brisa de la primer hora de la madrugada confirmo lo que quería… era de noche, y con ello concluía dos cosas, no estaba ciego, aunque la negrura le hacia sospechar, y podía escapar. (more…)

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El protagonista

octubre 14, 2012

La película había terminado. La sala quedó a oscuras. Los espectadores habían salido dejando un rastro pegajoso de refresco derramado y palomitas húmedas. El grito de “Cácaro” no se escucharía más, pues el proyector fue desconectado para siempre.

Él, en su nerviosismo repentino, se quedó esperando la luz del proyector para poder vivir de ella… en ella.

El cine fue clausurado por la brutal crisis que asolaba con desempleos, y nuestro protagonista, solitario, no volvió a ser visto o escuchado. Se quedó congelado para siempre en aquel rollo de celuloide.

El Momento Apocaliptico

diciembre 31, 2011

El Momento Apocalíptico
Paco Espinoza

Este episodio dura algo así como 5 años, comienza en algún momento oscuro de la niñez, pues así debe ser para todos nuestro primer acercamiento a la muerte, esa que duele y nos condena a todos. Admito, pues, que el temor más antiguo en la primer memoria de mi primer infancia fue el miedo al fin del mundo; el bendito APOCALIPSIS. Temor que no podía ser contenido en la inocencia de un chamaco pueblerino de rodillas peladas, en quien terminaba desbordándose el pánico cegador y una congoja casi muda. Con mis escasos 6 años maldecía yo mis tiempos con un “Tenía que haber nacido en las fechas en que se acabaría el mundo”. De haber generado el callo del sarcasmo con precocidad no hubiera dudado en sumar la expresión “Que poca madre” para después proseguir indiferente con alguna actividad, pero el callo de la indiferencia tampoco lo tenía y por lo tanto, como digno masoquista, no hacia más que rascar la costra del miedo para disfrutar el escozor de la sangre que brota.

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